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Andrea LI, un trío "algo" diferente.

Este relato sucedió el pasado fin de semana. Salí de fiesta por la ciudad con Marcos, ya sabéis mi compañero de aventuras, en el ClubSwinger. Transitábamos con el coche para volver a casa por el centro de la ciudad, hasta que mientras hablábamos nos perdimos, y nos metimos en unas calles desconocidas para nosotros.
En un momento empezaron a aparecer travestis, algunas guapas y otras feas, con diferentes ropas y algunas incluso mostrando sus enormes y puntiagudas tetas.
Cuando cruzamos la calle, Marcos me dijo que diéramos otra vueltita, que le parecía curioso ver eso. Acepté y dio la vuelta, hasta que pasamos al lado de una travesti; era rubia, alta, con buenas tetas y un cuerpo muy atlético. Me llamó la atención así que le dije que parase un momento, estacionó, y bajé la ventanilla. Ella se acercó y empezamos a conversar las dos; ella se llamaba Virginia, a mi me daba un poco de vergüenza, pero también un gran morbazo.
Pasado un rato de charla, miré a Marcos y le dije:
"Que, ¿te apetece probar algo nuevo?"
"Estás loca, pero no voy a ser yo el que diga que no".
Así que le dije a Virginia que subiera, abriéndole la puerta de atrás, al momento mirando a Marcos le pregunté si sabía de algún sitio discreto cercano para ir a pasar un buen rato.
Marcos pensó en un motelito de carretera, al que él iba con sus rollos de fin de semana. Durante el trayecto, la travesti que estaba sentada atrás, empezó a manosearme los pechos, comenzando a dar pequeños gemidos, tipo perrita en celo, pasado un tiempo, me empezó a tocar las tetas por dentro del sujetador.
Marcos casi ni podía conducir de lo caliente que estaba, la chica le miraba y le decía que esperase un poco, que para él también habría.
Cuando llegamos al motel, entramos en la habitación y hice que Marcos se sentase en una silla junto a la cama. A continuación me fui hacia la travesti y la desnudé, dejando al aire sus abultados pechos y su polla.
Yo me abrí la blusa, dejando ver mi blanco sujetador, seguidamente me puse de rodillas y empecé a lamer sus huevos lentamente con la lengua, fui subiendo hasta la cabeza, entonces abrí bien la boca y me metí la polla de Virginia, cada vez más adentro, haciéndola entrar y salir, me sentía cachondísima.
Mientras se la iba chupando, me fui desvistiendo hasta que me quedé desnuda al completo.
Seguidamente, llamé al pobre Marcos, al que se le veía ansioso por participar, y al acercarse, le empecé a chupar la polla, estaba deseosa, disfrutando, mi cara no disimulaba el placer, más aún cuando Virginia también se acercó, y entre las dos se la chupamos, una los huevos y la otra la polla , y después al revés.
El empezó a pajearse deliciosamente, eramos unas buenas elementas las dos, hasta que logramos que no aguantara más y acabó soltando todo su semen.
Yo me aparté rápidamente, casi ni me manchó, sin embargo Virginia le siguió dando, tragando leche y chupándole la polla hasta dejársela limpia, sin restos de su semen. Cuando terminó se fue al baño a lavarse un poco.
Al rato volvió, me acerqué a ella, nos miramos y nos empezamos a besar, las dos sacábamos nuestras lenguas y las entrecruzábamos, ambas estábamos desnudas. Miramos a Marcos y le preguntamos si le gustaba lo que veía, el no dudó en decir que si. Nosotras mientras tanto juntábamos nuestras tetas y empezamos a frotárnoslas.
Tras un rato de escena lésbica, miré a Marcos y le dije que ahora me tocaba a mi disfrutar, que deseaba sentir a dos hombres, me puse a cuatro patas, agarré la polla de Virginia y se la empecé a chupar, a la vez que Marcos me fue metiendo su rabo en mi coñito húmedo, hasta que entro entero, después le fuimos poniendo ritmo a la cosa, hasta que este llegó a ser súper intenso, incontrolable.
Así estuvimos un tiempo, hasta que cambiamos de posición, Marcos ocupó la de Virginia, yo entonces mamaba placenteramente, se la chupaba, con ansia a Marcos y mientras Virginia me penetraba como una loca. Ella me bombeaba cada vez mas bestialmente, mientras yo no paraba de tragar la polla de Marcos.
A continuación, Virginia se tumbo boca arriba, inmediatamente me puse encima de ella, y me clavó su verga, quedando empalada, tras un rato así, Marcos se puso por detrás, y tras lubricar un poco más mi culo, me metió su polla poco a poco por él, el cual no era extraño a estas penetraciones.
Le dimos un gran recital, la doble penetración me estaba reventando, pero a la vez me hacía gozar al máximo, me mostraba como una zorra necesitada de sexo, hasta que no pude aguantar más y empecé a soltar líquidos, estaba extasiada, había recibido de lo mío, estaba muy extenuada.
Después, cuando nos recuperamos un poco, Marcos parecía que se había quedado con ganas de meterla en otro agujero, la travesti me empezó a dar por el coño, y él agarró el culo de Virginia, el cual estaba mojadito y abierto, y con poca dificultad le metió su polla. Le estaba follando el culo a la vez que ella me follaba a mí, los movimientos eran complicados, pero una vez cogido el ritmo era bastante placentero. Yo llegué a otro orgasmo, y ellos estaban próximos.
Me solté, y Marcos también, y nos pusimos de pie con Virginia al lado, me agaché, y empecé a chuparles sus pollas desenfrenadamente, por turnos, una mamada a cada uno, un lengüetazo a cada uno, hasta que comencé a pajearlos con las manos, lo que les hizo acabar casi a la vez, me bañaron toda la cara, quedé como una auténtica puta.
Al rato nos vestimos, la llevamos a donde la cogimos, y emprendimos en camino a casa, sin apenas hacer comentarios, sobre la una excitación que al recordarla hace que me moje como una zorra.

Andrea L, me encanta mi familia.

La semana pasada en medio de la noche me despertó un ruido como de algo que en la planta de abajo se caía al suelo, así que me levanté y bajé a ver qué pasaba. Era un gato callejero que rebuscaba en la basura. No le di más importancia y me disponía a regresar a mi cama cuando advertí que la puerta del sótano estaba entreabierta, así que me dirigí a cerrarla, pues mi tío se enfadaba mucho si la encontraba así. Al acercarme observé que abajo había una luz encendida y de que se oían unos jadeos humanos. El miedo me invadió y pensé en ir a avisar a mis tíos a su dormitorio. Sin embargo, una extraña curiosidad infantil me empujó a averiguar cuál era la causa de aquellos jadeos, en ocasiones gemidos como de súplica. Bajé sigilosamente unos peldaños, hasta el primer rellano, desde donde oculta en la oscuridad descubrí lo que pasaba: allí estaban mis tíos, desnudos los dos. Mi tía arrodillada tenía dentro de su boca la polla de mi tío, que no paraba de resoplar, gemir y lanzarle entre susurros insultos, le decía:…."¡¡así, así… puta viciosa, trágatela toda…!!" Mi tía lejos de enfadarse por aquellos insultos parecía excitarse más, pues chupaba con un frenesí enloquecido. De pronto la respiración de mi tío se aceleró, su cuerpo pareció convulsionarse, bruscamente le sacó la polla de la boca y empezó a soltar enormes chorros de semen que salpicaron su cara (he de decir que en toda mi vida no he visto una polla capaz de soltar tanto semen como la de mi tío, y os puedo garantizar que he chupado unas cuantas).Bien, a lo que iba. Ella, mi tía, abrió la boca con ansiedad tratando de tragar toda aquella catarata de leche, al tiempo que exclamaba fuera de sí: "¡oh sí… macho mío,…la quiero toda en la boca… dásela a tu zorra hambrienta…!" Luego prosiguieron otra media hora más con jueguecitos de lo más depravado, poniendo el colofón mi tío con una monumental meada de caballo sobre mi tía, que parecía disfrutar enormemente, y por si fuera poco el pis que le había hecho tragar, no contento se tomó la libertad de llenar un vaso con los últimos chorros, ordenándole a continuación bebérselo de un trago, algo a lo que mi tía no manifestó oposición alguna, sólo que en vez de un trago lo hizo en dos.
Así descubrí que mi tía era una esclava sumisa siempre dispuesta a complacer a su dueño en cualquier deseo por depravado y sucio que éste fuera; porque en el fondo eso a ella le producía el mismo placer, si no más, que a él. No en vano, como pude saber después, fue ella quien inicio a mi tío en ese mundo oscuro y placentero, convirtiéndole en dominador porque eso era lo que a ella le sublimaba la líbido y el deseo.
Tras ver esta escena me sentía turbada y confusa, pero a la vez excitada. Un cosquilleo incesante y húmedo no dejaba de palpitar entre mis piernas. Obligándome a introducir mi mano ansiosa dentro de mis bragas por darle remedio a aquel raro estado. Con lo cual acabé casi de forma inconsciente en las delicias de la masturbación.
Desde ese momento para mí se convirtió en una obsesión el espiar a mis tíos en esas secretas actividades, pues su comportamiento hacía que pareciesen otras personas totalmente diferentes a las que eran en la vida normal. Por las noches me mantenía en alerta, y si oía sus pasos, sigilosamente los seguía, pues sabía que se dirigían al sótano a practicar sus perversiones sexuales, que como fui comprobando no eran pocas: dominación, lluvia dorada, beso negro….Yo mientras, me conformaba con deshacerme mi hermoso coñito a pajas.
Durante unos días mantuve en secreto todo aquello, sin decirles nada a mis dos primas, Clarisa y Verónica.
Sin embargo no podía aguantar más las ganas de contarles los juegos de sus padres, así que la primera en saberlo fue Clarisa, con la que compartía desde hace una semana habitación, mientras arreglaban la suya, y que no había descubierto ni una sola de mis escapadas nocturnas, hay que decir que duerme como un tronco.
Todo ocurrió una noche en que de vuelta de una de mis misiones de espionaje, y como ya era habitual, me estaba masturbando como una desesperada, rememorando lo que había visto; recuerdo que aquella noche mi tía tras ser follada por la gran polla de mi tío, tuvo que chupársela a uno de sus amigos al que habían invitado a cenar, mientras mi tío le daba a ella por el culo furiosamente, arreándole violentos azotes en las nalgas a la vez que le decía: "¡¡así perra, chupa chupa… dale gusto a nuestra visita!!". Desde mi escondite, podía ver de frente la cara de mi tía, engullendo con ganas aquella polla, gemía y gritaba de placer, agitada por los brutales empellones que mi tío propinaba a su culo. El amigo estaba inmóvil, con los ojos fijos y vacíos. De pronto empezó a mover su culo como si se la estuviese tirándo. De las comisuras de la boca de mi tía comenzaron a brotar hilillos de semen. Ella, lejos de retirarse para escupirlo, pareció entrar en un estado de trance frenético, pues chupaba como si no quisiese dejar escapar ni una gota. El amigo, una vez aliviado, trató de escapar, pero mi tía se lo impidió sujetándole con fuerza y afianzando con desespero aquella polla entre sus labios, sin dejar de chupar hasta que mi tío, agarrándola por el pelo y tirando con brusquedad de ella hacía atrás, la requirió para correrse él también en su boca. "Ahora me toca a mí… perra… trágate mi leche con esa boca de puta”, le gritó.
Bien, retomando el hilo, mi prima Clarisa se alarmó al oír mis jadeos de placer, pensando que me pasaba algo.
-¿Qué te pasa Paola, te encuentras mal? –preguntó asustada.
-No me pasa nada- gruñí yo enojada porque me había interrumpido en lo mejor.
-¿Te estabas haciendo un dedo so zorra?
-¿Tu qué crees? Me lo estaba pasando genial. Me estaba dando un gustito hasta que me interrumpiste.
-"¿Gustito?, ¿y tu sola no?”
Retiré la ropa de la cama para mostrárselo en vivo. Abrió los ojos como platos al ver que tenía las braguitas bajadas.
Y empecé a meterme los deditos, descubriendo que aquello me resultaba más placentero si me estaban mirando.
-"¡Eres una cerda Paola!", me dijo mientras no quitaba los ojos de mis ejercicios manuales.
-"¿Por qué en vez de mirar no me acompañas?" le respondí.
Se metió en mi cama, le ordené quitarse el pantalón del pijama y las braguitas.
Empezó con movimientos torpes, así que cogí su mano y la guié, acariciándola hasta llevarla al orgasmo. Mientras se tocaba fue cuando decidí contarle lo de sus padres. Ella paso sucesivamente del espanto a la incredulidad y de esta a excitarse tanto, que ambas acabamos en su cama tocándonos, besándonos y masturbándonos una a la otra.
Me suplicó que en mi próxima escapada a espiar a sus padres la llevase a ella. Pues como ella dormía profundamente no se enteraba ni aunque tirasen la casa.
-"Acepto con una condición."
-"¿Cuál?-preguntó".
-"Que ahora en vez de con la mano me dejes follarte con la boca."
-"¡Vale, vale!", dijo mientras abría las piernas para ofrecerme en todo su esplendor aquella raja preciosa, pues ,aunque tal vez sea pasión familiar, Clarisa tiene uno de los chochos más bonitos y perfectos que he visto y saboreado. La sola visión de aquellos labios carnosos y apretados, su pubis depiladito, me empujaron con más voracidad que destreza a chupar y lamer. Sentí aquel olor fuerte y excitante de los jugos que tras nuestra pajita anterior lo impregnaban, su sabor indescriptible me enloqueció hasta el punto de instintivamente llevarme una mano a mi propia rajita para darme placer. Ella se retorcía como una serpiente, jadeante y entregada. Al cabo de unos minutos se corrió, llenándome la boca con sus flujos que yo super excitada tragué.
Nos abrazamos y besamos con ternura durante largo rato, luego ella con voz mimosa me susurró al oído:
"-Ahora quiero hacértelo yo a ti", así con una gran pasión me empezó a lamer el coño mientras uno de sus dedos se deslizaba hacia mi culo, haciendo que entrará en un profundo éxtasis que terminó con la boca de mi primita llena de mis jugos.
Un par de días después sus padres se decidieron a una de de sus clandestinas sesiones de sexo. Clarisa dormía como un tronco, agotada después de la ya cotidiana sesión de "guarraditas" que nos habíamos propinado.
La desperté y le dije que me siguiera en silencio y que viese lo que viese, no abriese la boca, para evitar que nos descubriesen y les cortásemos el rollo. Con toda clase de precauciones bajamos la escalera, cerciorándonos de que mis tíos estaban ya entretenidos en sus diversiones preferidas allí abajo en el sótano. Sin embargo ese día, por alguna extraña razón ambos estaban en la cocina charlando en voz baja.
-"Llama ya"- oí que decía mi tía.
De pronto mi tío salió, nosotros nos quedamos petrificadas pues de puro milagro no nos vio allí agazapadas en medio de la oscuridad en el rellano de la escalera. Descolgó el teléfono y realizó una llamada de la que no pudimos entender nada ya que hablaba casi en susurros. Colgó y regresó a la cocina.
Nosotras en vista de que aquella noche no iba a suceder nada regresamos a nuestra habitación. Nos metimos en la cama, yo no podía dormir, estaba contrariada por aquel fracaso y no lograba conciliar el sueño. Clarisa tampoco pues me susurró:
-"¡Eh! ¿Duermes?"
-"No, no puedo".
-"Yo tampoco. ¿Sabes una cosa?".
-"¿Qué?"
-"Me encanta chuparte el coño".
-"A mí también me encanta chuparte el tuyo zorra".
-"¿Quieres que te lo haga otra vez?".
-"Es que acabó de hacer pis".
-"No me importa, así también me gusta".
-"En ese caso ven y chúpamelo, ¡cochina!"
¡Joder! si le gustaba a la putita ¡cómo se aplicaba con la lengua en cada recoveco y pliegue de mi chorreante rajita! Y eso que no había podido ver a sus padres en acción, fue tan concienzuda la limpieza de bajos que me hizo que al día siguiente tenía los labios un poco hinchados a causa de sus mordisquitos y chupetones. Pero el gustazo que me dio me será difícil de olvidar, tanto es así que al recordarlo me mojo toda.

Andrea XLIX, revisión ginecológica.

Tenía cita con el ginecólogo para hacerme una revisión, así que me arreglé y salí temprano para no llegar tarde. Cuando llegué fui a la sala de espera, mientras que no llegara mi turno.
Mi ginecólogo es una hombre de unos 45 años, que no está nada mal, es bastante atractivo y desde la primera vez que fui a su consulta, tuve ideas alocadas con él. Me imaginaba cosas calientes, soñaba despierta, pensaba es sus manos, en sus dedos, en su polla...
Me ponía cachonda cuando abierta de piernas me metía la mano para palparme, aunque sabía que era extrictamente profesional, deseaba que fuera algo más, lo deseaba de verdad, y no sé si él lo llegó a notar alguna de las veces que fui.
El caso es que cuando llegó mi turno me llamaron para que entrara en una de las habitaciones. Tuve que ir al baño para mear y luego tuve que desnudarme por completo.
Al poco tiempo él entró  y se acercó a saludarme, dándome un beso en la mejilla, a continuación se volvió a sentar al lado de la camilla, en la que yo ya estaba desnuda completamente y comenzamos con lo típico, preguntándome cómo estaba, si sentía alguna molestia, etc., una vez hubimos terminado con los preliminares, le dije:
"Manuel, que ese era su nombre,  además de la visita por la revisión , quería consultarte otra cosa"
"Tú dirás"
"Pues verás, yo soy una mujer sexualmente muy activa, me encanta el  sexo y los juegos sexuales, soy  muy liberal en ese aspecto y practico toda serie de juegos sexuales. Mi pregunta es si el ser promiscua sexualmente hablando me puede perjudicar en algún sentido.
"En fin lo que me dices tiene de por si un riesgo, que supongo que conoces, en lo referente a enfermedades de transmisión sexual. Pero al decir que eres muy promiscua, ¿qué quieres decir exactamente?"
"Manuel, ¿qué quieres que te diga?. Cuando digo que soy promiscua, quiero decir exactamente eso, que soy promiscua, que practico sexo con otras personas sin importarme si las conozco, me da igual hombres, que mujeres, solos o en grupo , hablando claramente que follo con quien me apetece en cada momento, ¿te queda claro?"
Mientras le iba contestando, observé que mi plan igual había dado resultado, primero por su mirada, pues me observaba con un interés mucho más sexualmente abierto que el que había empleado nunca y además, por el bulto que se iba formando en su entrepierna.
Al momento se acercó a la camilla y sin más dilación me dijo al oído, "ya que te van los desconocidos, ¿tendrias algún inconveniente en probar con un conocido como yo?".
"Pues no, me apetecería contigo, pues te conozco hace muchos años y, la verdad es que cómo me has visto tú no me ha visto nadie más"
Por fin mi estratagema había dado resultado. Me terminó de incorporar y ya de pie los dos me apretó contra si, besándome en la boca,  yo sentía la dureza de su polla a través del pantalón y sus manos empezaron a recorrer mis tetas y mis  nalgas mientras la dureza de su polla se apretaba más y más contra mi.
Mi chocho  empezó a segregar abundantes jugos y empecé a sentir unas deseos locos de que me penetrase allí mismo sin esperar más, el riesgo de que entrara la enfermera y nos viera en plena follada me producía un  morbo tremendo.
Mientras seguía tocándome el culo y las tetas , le empecé a desabrochar la bragueta y cuando le hube sacado su polla, le dije que se desnudara mientras me agachaba y me metí su tiesa polla en la boca, subiendo y bajando por todo su recorrido. Mientras yo se la mamaba, él se empezó a desnudar, quitándose la chaqueta blanca de médico que llevaba y cuando se hubo desabrochado el pantalón, dejé su polla libre de mi boca y me tumbé en la camilla mientras le decía:
"Date prisa y fóllame, que te estoy deseando"
Tumbada le contemplé cuando venía hacia mi,  desnudo, con su polla tiesa y dura delante de él, mojándome todavía más al ver esa polla y saber que en pocos segundos iba a estar dentro de mi, follándome.
Se tumbó sobre mí, y su polla me penetró sin ningún problema ni espera, pues mi coñito lo tenía empapado de jugos y abierto, esperándole y su polla estaba también bien húmeda y lubricada de mi saliva. Sentía su polla dentro de mí, atravesándome, follándome, entrando hasta el fondo de mi  y saliendo casi hasta la entrada para volver a hundirse en el fondo, en un vaivén que me proporcionaba un placer indescriptible.
Cuando empecé a gemir de gusto, su boca, que hasta entonces se había dedicado a chupar uno de mis pezones, tapó mi boca, mientras su lengua penetraba en mi boca igual que su polla penetraba en mi coño y su mano derecha me agarraba un pezón acariciándomelo entre sus dedos.
Me corrí casi de sorpresa, el  orgasmo me llegó sin avisar, intenso, fuerte, haciéndo que cerrara los músculos de mi chochito para retener la polla que me daba tanto placer, lo que provocó su orgasmo que hizo que el mío se prolongara más al sentir su leche derramarse dentro de mi, llenándome con su calor espeso.
Me encanta sentir el orgasmo de los  hombres dentro de mí, sentir su leche caliente y espesa golpear el fondo de mi coño cuando sale a borbotones. Cuando sentí que su rabo escapaba poco a poco de mi interior al volver a su tamaño normal en estado de flaccidez, me incorporé y colocándome entre sus piernas, me lo introduje en mi boca, mamándoselo y apretando suavemente sus huevos hasta que volvió a tener la dureza y grosor que me gustaban para volver a penetrarme,colocándome a horcajadas sobre él y bajando fui introduciéndome su  polla hasta sentarme encima de él, siendo yo, entonces, la que subía y bajaba sobre, sintiendo como entraba y salía de mi chochito mientras le decía que me encantaba sentirlo dentro de mí, follándome, mientras me acariciaba y apretaba las tetas, lo que le excitaba aún más, hasta que volvimos a llegar al orgasmo simultáneamente.
Al terminar descansamos un poco uno en brazos del otro y mientras nos vestiamos, Manuel me miró a los ojos y me dijó "la siguiente revisión dentro de seis meses ¿verdad?".
"¿Por qué has visto algo mal?"
"Si, que folles con otros y mientras tanto tu ginecólogo ¿qué?".
"Lo apuntaré en mi agenda y si en 6 meses tengo un hueco me acercaré jajaja"
El ganador de este último concurso es Jorge, así que ya sabes, ponte en contacto conmigo para quedar un día a una hora que nos venga bien a los dos. Estoy deseando volver a tener otra experiencia contigo.

Andrea XLVII, la mirona del parque.

Era de noche y hacía un poco de frío, pero no me importaba porque él me agarraba por la cintura y me atraía contra su cuerpo.
Su boca pegada a la mía era de lo más sensual que había probado, notaba como su cuerpo iba entrando en calor poco a poco y eso provocaba que mi temperatura también se elevara, sobre todo en mi chocho.
Desde que habíamos salido del bar, Pablo me había comido con la mirada, deseoso de lanzarse, de probar mi boca y recorrer cada centímetro de mi cuerpo. Y yo también lo quería, necesitaba sus manos por mi cuerpo, su boca y su lengua jugando por mi piel y su polla clavándose muy hondo. Ese chico me pone a mil.
Cuando llegamos a una esquina de la calle, me había empujado contra la pared y me había metido la lengua en toda la boca, sin que yo pudiese reaccionar. Así es él, impulsivo, y me encanta.
Cada vez me apretaba más fuerte contra su cuerpo y comencé a notar su tremendo bulto entre las piernas, el cual él rozaba cada vez más, contra mí.
Su boca seguía trabajando la mía, con besos muy ardientes, que hicieron que mi cuerpo temblara de deseo, de excitación, y que mi coño empezara a mojarse, preparándose para lo que vendría luego.
Me subió, hizo que le rodeara la cintura con mis piernas y me apretó más contra la pared, para luego ir subiendo con sus manos por mi vientre y espalda, hasta llegar a las tetas.
Sus dedos localizaron mis pezones y los empezaron a acariciar por encima del sujetador.
Eché la cabeza hacia atrás y solté un pequeño gemido de placer.
Pablo se excitó muchísimo al oírme y me desabrochó el sujetador, para seguidamente bajar su boca hasta mis tetas y chupar de ellas, mientras yo le acariciaba la cabeza y se la empujaba para que succionara más y más fuerte mis pezones.
Al levantar la cabeza vi a una chica que nos estaba mirando desde un banco del parque. Ella tenía la mirada excitada y la mano muy cerca de su coño. Fijé mi vista en ella y nuestras miradas chocaron.
Le puse cara de puta, para darle a entender que me gustaba lo que estaba haciendo y que quería que continuara mirando.
Ella lo captó al momento y desabrochando su pantalón, fue metiendo su mano bien al fondo, abriendo las piernas para facilitar la maniobra de sus dedos.
Mientras Pablo seguía chupando y su bulto ya no podía crecer más de lo que estaba. Tenía unas ganas tremendas de perforarme con aquel gran instrumento; me bajó y con manos temblorosas me desabrochó el pantalón y metió su mano para tocarme en el clítoris. Cuando lo hizo me estremecí, ya no sentía frío, estaba ardiendo y mi chochito estaba dispuesto a dar la bienvenida a su gran polla.
Mientras me besaba, su mano se movía frenéticamente entre mis piernas, haciéndome gemir, y que mi corazón y mi respiración se aceleraran.
Cerca de donde estábamos, había un pequeño jardín con un poco de hierba. No sé muy bien cómo llegamos hasta allí, creo que me aupó y luego me fue dejando apoyada en el suelo, mientras que nuestras bocas se devoraban y su polla y mi chocho latían de excitación. El caso es que al poco rato
Me encontraba estirada en la hierba y cuando me quise dar cuenta, casi me había desnudado; por completo. Me había quitado el jersey y subido el top, dejando mis tetas al aire. Y de cintura para abajo no tenía nada.
Fue tanta la excitación y el deseo que solo me había centrado en el roce de su cuerpo contra el mío, no me da cuenta de lo exhibida que estaba.
Ninguno de los dos podía seguir aguantando, mi chocho reclamaba a su polla y él lo sabía. Así que sacó su tremenda herramienta de los pantalones y su bóxer y puso la puntita en mi entrada. Comenzó a moverse en círculos lentamente, pero yo no podía esperar y empujé mi cuerpo hacia él, metiendo parte de su polla en el coño.
Sentí lo dura y gorda que la tenía y él sintió lo caliente y mojada que yo estaba por él. Y me la metió entera de golpe, hasta el fondo.
El roce me ponía como una loba, gimiendo y queriéndola más adentro de mí. Quería más y más fuerte. Sus embestidas cada vez eran más rápidas e intensas, haciéndome arquear la espalda, echar la cabeza hacia atrás y gemir como una loca.
Le arañé, sentí tanto placer que le arañé en una mano. Le gustó, se bajó para que mis manos llegaran a su espalda y me susurró:
"Ahora márcame, hazlo en la espalda, me pone a tope."
Y lo hice, lo arañé en la espalda, sutilmente, sin hacerle sangre. Y en ese instante él embistió más fuerte, hasta el fondo. Yo tenía el coño bien apretado para él, para que sintiera mucho mientras su polla rozaba por todo mi chocho.
La chica seguía mirando, se había cambiado de banco y con los pantalones totalmente bajados. Abrió las piernas y su chochito para mi, se metió dedos muy adentro y los movía muy rápido, mientras nos miraba.
Me giré, haciendo que Pablo se estirara en el suelo y me puse encima de él con las piernas abiertas. Fui bajando y metiendo la polla dentro de mi agujero y luego comencé a follarlo como una puta, bien duro, bien fuerte, rápido. Él gemía, me tocaba las tetas y cuando no pudo soportar la lejanía, se sentó y abrazándome fuerte contra su pecho, me besó, me lamió y me mordisqueó por los labios y por el cuello.
Cuando jugaba con mi cuello, miré a la chica que se había corrido, se llevó la mano a la boca y chupó locamente sus dedos, hasta dejarlos bien limpios.
Pablo giró y me puso en el suelo, me abrió bien las piernas y empujó su polla muy adentro haciéndome correr de gusto a la vez que él me soltaba un gran chorro con su magnífica polla.
Fue increíble, y sentir como después de terminar Pablo seguía temblando me llenó de orgullo; realmente debía de ser muy buena follando.
Antes de que me volviera a poner la ropa, él cogió y me chupó todo el coñito hasta dejarlo bien limpio e hizo que se me erizara la piel. Luego nos vestimos y me acompañó hasta casa, cogiéndome de la cintura para que no tuviese frío.
Quien más participe con comentarios o mensajes en el Blog durante esta semana hasta el 7 de Octubre, tendrá una noche de sexo por Internet conmigo, y quien sabe, si algo más.

Andrea XLVI, disfrutando los fuegos...

El martes fueron los fuegos de la fiesta de la ciudad, así que me arreglé para disfrutar de la noche. No había quedado con nadie, iba a ir sola, pero esperaba ver a alguien conocido viendo los fuegos artificiales. Había bastante gente, teniendo en cuenta que era un martes y el tiempo acompañaba, no hacía frío y el cielo se veía bastante despejado, perfecto para ver el espectáculo.
Me puse al lado de un grupo de chicos y chicas que rondaban mi edad y busqué alrededor con la mirada, pero no vi a ninguno de mis amigos ni amigas.
En el grupo había un chico que me llamó mucho la atención, era guapísimo y se notaba que estaba musculado, incluso por encima de la ropa. Solo de imaginarme como sería su cuerpo, empecé a mojarme.
Estaba con una chica, estaban besándose y eso hizo preguntarme como sería sentir sus labios, como besaría, que se sentiría siendo tocada por sus manos, abrazada por sus brazos, como me sentiría con su cuerpo totalmente pegado al mío.
Y entonces me miró, y un calor repentino se extendió por todo mi cuerpo, sus ojos se clavaron en los míos y noté como mi corazón se aceleraba. Aparté la mirada, pero al mismo tiempo deseaba mirarlo y que él siguiera mirándome.
No me atreví a girarme para averiguarlo hasta pasados unos quince minutos y cuando miré, él ya no estaba, se había ido, pero el grupo con el que estaba seguía allí, y también la chica con la que se estaba besando, así que descarté que se hubiera ido con ella a echar un polvo.
Me estaba aburriendo y no tenía ningún sentido seguir allí mirando los fuegos artificiales, a los cuales no les había prestado ni la más mínima atención.
Iba caminando, alejándome de la multitud, la calle estaba desierta, toda la gente estaba mirando el espectáculo y me sentí bien por ello, estaba bien caminar sola.
Entonces lo vi, caminando en la otra punta de la calle y mi corazón se volvió a acelerar. Necesitaba verlo de cerca otra vez, necesitaba sentir su mirada de nuevo; así que caminé más rápido.
Giró en la esquina de la calle y yo aceleré más el paso para no perderlo de vista, llegué a la esquina, giré y ¡allí estaba él!
"¿Qué haces siguiéndome?"
No sabía que contestar, así que simplemente me quedé perdida en su cuerpo, sus ojos.
"¿Te gusta lo que ves?"
Le respondí que como no iba a gustarme, tenía un cuerpazo y era muy guapo.
"Pensé que habías tenido suficiente con lo que miraste antes"
Iba a irme, iba a dar media vuelta e irme a casa, pero él me agarró del brazo, me atrajo hacia él y me besó. Me estaba comiendo la boca y yo sentí que un calor recorría todo mi cuerpo y mi chocho ardía y se mojaba por completo.
Sus manos estaban por todas partes, sentía su cuerpo por toda mi piel. Comenzó a besarme por el cuello y a darme pequeños mordiscos, mientras que sus manos se deslizaban por debajo de mi cazadora y mi top. Las pasaba por toda mi espalda, por mis caderas, por mi cintura, por mi vientre y finalmente me manoseó las tetas.
Me empujó contra la pared de un edificio y bajó suavemente sus manos hacia mi culo, mientras apretaba su cuerpo contra el mío. Noté el gran bulto de su entrepierna contra mi coño. Él hacía que cada roce fuera más intenso y que cada vez me meara más; estaba totalmente abierta para él, podría metérmela en aquel momento, sin ningún problema.
Me dijo al oído "¿Quieres más?"
"Por supuesto, lo quiero todo de ti, quiero todo lo que me quieras dar."
"Igual te doy más de lo que puedes aguantar" me contestó.
Y yo le dije que eso habría que verlo.
Dicho esto, su mano fue metiéndose por debajo de mi falda y fue directamente a mi chocho, lo acarició por encima de mi tanga, para luego echarlo a un lado y tocar toda mi raja de arriba a abajo, mientras empezaba a jugar con mi clítoris.
"Eso es nena, dame todo tu flujo."
Las cosas que me decía, me ponían a mil, quería más de él, quería sentirlo todo.
Como si me hubiera leído el pensamiento se bajó y metió su cabeza entre mis piernas. Levantando mi falda hasta la cintura y apartando el tanga hacia un lado, comenzó a jugar con su lengua por mi coño, haciéndome gemir como una auténtica puta, en medio de la calle.
El simple hecho de que alguien nos pudiera ver, solo me ponía más caliente.
Cuando estaba a punto de correrme en su boca le dije que ahora me tocaba a mí jugar. Él accedió. Fui besándole por el cuello y lamiéndolo mientras con mis manos recorría todo su torso. Ese tremendo torso, todo musculado, me ponía muy loba, tenía ganas de comérmelo entero. Le subí la camiseta y fui pasando con mi lengua por toda su piel, hasta llegar a sus pezones. Los chupé, los mordisqueé y sujetándolos con los dientes los estiré hasta que lo oí gemir de placer.
Seguí jugando con mis labios, lengua y manos hasta llegar al pantalón. Se lo desabroché y directamente le saqué la polla fuera de su bóxer. Jugué con su punta haciéndolo enloquecer, para luego metérmela entera y de golpe hasta el fondo de mi boca, hasta la garganta.
Estuve a punto de hacer que se corriera, pero él hizo que parara, me puso de espaldas a la pared, me cogió por las nalgas, metiéndome de un solo embiste, la polla hasta el fondo de mí empapado coño.
Me empujaba con fuerza, haciendo que cada embiste fuera más excitante que el anterior. Su tremenda polla rozando contra las paredes de mi chocho hacía que mi temperatura se elevara, y mi respiración y mi corazón se aceleraran.
Me folló como a una puta, una auténtica zorra, con tanta dureza que me sorprendía que alguien pudiera tener tanta fuerza.
Seguimos así durante un rato, gimiendo, sudando, volviéndonos locos, perdiendo el control, hasta que nos corrimos juntos, mientras nuestros cuerpos temblaban de placer.
Me bajó poco a poco y me susurró "¿Quieres que te acompañe a casa?"
"Claro"
Y me acompañó, pero lo que sucedió luego, eso, es otra historia.

Andrea XLV, sexo con un Ciberdesconocido.

Uno de las fantasías que tenía, por fin se hizo realidad este sábado. Ésta consistía en follar con alguien a quien nunca antes había visto. Algo parecido a conocer a alguien en un bar, en una cafetería, en el metro o caminando por la calle y sin demasiadas explicaciones acabar follando salvajemente. Sin más. Y a continuación, al acabar, cada uno por su lado.
En este caso había conocido a Fran por Internet.
Hablábamos mucho por el Messenger , así fueron pasando los días y cada vez teníamos mas ganas de conocernos. Empezamos mandándonos fotos de nosotros, en un principio vestidos, pero poco a poco, las fotos iban subiendo de tono, y nos pedíamos uno a otro, de qué forma o en que postura nos gustaban las fotos, cada vez nos gustaba más ese juego.
Había feeling. Había química. Había conexión. Y le conté mi fantasía. Era la persona. Quería follar con él. Él era el hombre perfecto para poder cumplir con el sueño de follar con un desconocido. Me atraía su físico, su forma de pensar, su manera de hablar. Aceptó el reto y esto es lo que pasó.
El vivía en una ciudad cercana a la mía y donde yo me desplazaba porque había mucha movida los findes.
Hacía calor. Mucho calor. Cuando llegué a la habitación del hotel, que había reservado días antes, puse el aire acondicionado al máximo para refrescar el ambiente. Lo preparé todo con cuidado. Un buen Rioja y dos copas. Incienso. Algunas velas, aún sin encender. Me duché, recogí la habitación y dejé todo ordenado para que Fran encontrara un clima acogedor que lo cautivara cuando le abriera la puerta.
Cuando lo tuve todo listo le mandé un mensaje al móvil: “Jovencito, te estoy esperando!!”. Era la señal que él tenía que recibir para venir a mi encuentro, para vernos por primera vez, para follar con alguien a quien nunca antes habíamos visto cara a cara. Supongo que los dos estábamos algo nerviosos. La idea me encantaba y a él le pareció genial cuando se la conté. Y, aunque habíamos hablado varias veces por Messenger y por teléfono y nos habíamos enviado mensajitos y también muchos e-mails, no era lo mismo. Al fin y al cabo, nunca antes nos habíamos visto las caras en vivo. No sabíamos cómo eran nuestras sonrisas, nuestras miradas, nuestra imagen en movimiento. Todos sabemos que muchísima gente cambia la imagen real respecto a la que ofrece en una fotografía. Pero me atraía. Y yo a él.
Y llegó el momento. Encendí las velas y el incienso. Respiré profundo y casi, casi me santigüé. Sí, ya sé. Estaba a punto de follar con alguien a quien no conocía y le pedía ayuda a Dios. Bueno, a Dios o a quien sea. Sólo deseaba que todo saliera bien.
Fran había recibido mis instrucciones. Él sabía perfectamente lo que quería hacer en todo momento. Y yo sabía que era muy, muy disciplinado. Y que lo íbamos a pasar muy, muy bien.
A los pocos minutos alguien picó a la puerta. La habitación ya estaba en penumbra. Las velas daban algo de claridad. Y el olor del incienso se mezclaba con el de mi perfume. Era mi favorito. Y como gustaba a todo el mundo, sabía que a Fran también le gustaría.
Abrí la puerta. Fran entró en la habitación. Nos abrazamos. Imagino que seguíamos estando algo nerviosos. Después de aquel abrazo, nos besamos. El momento era mágico. Excitante. Emocionante. Después de besarnos con una pasión increíble para tratarse de dos personas que jamás antes han estado juntos, cerramos la puerta de la habitación y sin despegar nuestros labios, sin separar nuestros cuerpos, nos dirigimos a la cama. Sin mediar palabra.
Fran estaba realmente guapo. Mucho más de lo que me imaginaba. Su sonrisa me encantaba y su mirada me cautivaba. LLevaba una camiseta ajustada y unos vaqueros muy ceñidos que le marcaban a tope su enorme paquete. Yo llevaba un vestido que marcaba las formas de mi cuerpo.
Nos tumbamos en la cama. Seguíamos besándonos. Seguíamos abrazados. Rozábamos el uno el cuerpo del otro con nuestras manos, con nuestros dedos. La respiración se agitaba. Nos gustábamos y eso se notaba en nuestra forma de proceder. El momento se agitaba. Se hacía cada vez más salvaje. En el ambiente se respiraba pasión, emoción. Puro sexo. Los dos queríamos más.
Mientras seguíamos besándonos, yo estaba tumbada en la cama debajo de él. Fran estaba sobre mí. Con sus manos rozaba todo mi cuerpo. Mi cabeza, mi espalda, mis piernas y el culito que desde hacía algunos días deseaba que me lo tocase y que después de jugar un poco terminase penetrándomelo. Yo le hablaba de mi culo en algunos mensajes y creo que él ya soñaba con el.
Empezaba a notar que su polla estaba cada vez más dura, a punto de estallar, rozaba su cuerpo contra el mío. Y me empezaba a masturbar con su polla erecta. Siempre por encima de la ropa. Pero se excitaba más y más y su respiración y sus dulces gemidos me estaban dejando cada vez más loca.
Entonces me subió el vestido y pudo comprobar cómo estaba siguiendo una a una todas las instrucciones. Había venido sin bragas. Puse sus manos sobre mi culo ahora ya descubierto y yo le apretaba contra mi cuerpo para notar aún más su polla deseosa de entrar dentro de mi.
Al mismo tiempo, él se estaba volviendo loco cuando rozaba su piel con la yema de mis dedos. Muy suavemente. Con cariño. Estábamos pegando un polvo dos personas que nunca antes se habían visto cara a cara pero que tenían una química especial. Parecía haber conexión sexual.
Nuestra respiración se hacía cada vez más agitada, más rápida. El momento era especial para los dos. Parecía que se nos acababa el tiempo y queríamos aprovechar cada segundo, cada minuto, cada hora, toda la noche.
Me moría porque me follara, porque me metiera su polla dura y a punto de reventar y que me llenase de leche en mi cada vez más mojado y excitado coño. Pero no podía ser. No tan pronto. Primero quería saborearla. Chupar su polla. Sentir en mi boquita y en mi lengua el sabor de sus jugos.
Entonces abrazándolo lo aparté de mí, lo coloqué sobre la cama y me puse sobre él. Sin dejar de besarnos, de tocarnos, de rozar nuestros cuerpos. Estábamos pegados y no queríamos separarnos. Siempre sin mediar palabra. Ni él ni yo habíamos hablado todavía. Ésa era también una de las instrucciones. No debíamos hablar en ningún momento mientras durara nuestro encuentro. La propuesta es que él llegaba a la habitación follábamos, acabábamos y después nos vestíamos poniéndose la ropa en nuestros cuerpos sudados y todavía manchados de leche y nos marchábamos. Y después, a los 30 ó 40 minutos, yo le llamaba por teléfono y hablábamos de nuestra experiencia. En eso consistía mi fantasía.
Volviendo a lo que estaba sucediendo en ese momento en la habitación 518 de un bonito hotel, después de haberlo puesto debajo de mí, seguimos besándonos. Yo movía mis caderas de forma circular para notar su polla durita rozando mi coño, mi clítoris, mi entrepierna.
Empecé a bajar por su cuerpo. Besé su cuello. Sus hombros. Rozaba su pecho. Siempre por encima de la ropa. Mis pezones estaban erectos, excitados. Él tenía sus ojos cerrados. La expresión de su cara reflejaba excitación y eso me ponía malísima. Quería volverle loco de placer. Así que me quité mi vestido con movimientos sensuales, mientras le desabrochaba sus ceñidos pantalones.
Su cuerpo era precioso. Ahora que le estaba contemplando, su desnudez, ésa con la que había soñado tantas veces desde hacía algunos días, me parecía mágica, esplendorosa, perfecta. Y ahora ya sí, sin ropa que interrumpiera mis deseos, empecé a recorrer su cuerpo con mis labios, con mis besos, con mis dedos. Él saboreaba mis pezones erectos mientras con una mano acariciaba una de mis piernas y con la otra rozaba mi coño para comprobar que estaba cada vez más mojada.
Nos fuimos quitando la ropa que nos quedaba como podíamos. Dejamos todo a un lado y seguimos besándonos, tocándonos, rozándonos. Yo buscaba su polla para comprobar el nivel de su excitación. Estaba dura. Muy dura. Y se la colocó en la entrada de mi coño. Y la movió para mojarla, para lubricarla. Pero era muy pronto todavía. Aún no había llegado el momento.
Él seguía besando mis pezones, mis pechos, mi barriguita. Y seguía bajando por mi cuerpo mientras con sus manos acariciaba mis piernas. Y mi chocho. Suavemente. Sin penetrarlo. Sin movimientos bruscos pese a lo salvaje del momento.
Y así llegó con su boquita a mi coñito. Lo besó. Pasó su lengua por mi rajita. La puso en mi agujerito como si intentara penetrarlo. Y siguió su recorrido por mi cuerpo. Acariciaba mis piernas, mis muslos, mis rodillas y llegó a mis pies. Los besó. Y empezó a subir por mi cuerpo, pasando su lengua por cada rincón del mismo.
Me dio la vuelta. Y se puso sobre mí. Subió hasta colocarse a mi altura. Besó mi nuca. Observé su tatuaje. Miré su culito. Me pegué a su cuerpo y lo comencé a rozar, mientras lentamente empecé a hacerle lentamente una buena paja.
Él me llenaba de besos y teniéndome así debajo de él, me abrió un poquito mis piernas y rozó mi coño desde atrás. Mojó mis dedos y rozó la entrada de mi culo. Me estaba estremeciendo. Entonces con sus brazos, con sus gestos, me pidió que me diera la vuelta. Seguíamos sin hablar, sin mediar palabra.
Me miraba con ojitos llenos de excitación y deseo. Yo le miraba e intentaba que entendiera que me moría porque me follara, pero que antes debía de hacer una cosita que me había prometido.
Volvió a besar mis labios. Volvió a recorrer mi cuello, mis tetas, mis pezones y mi barriguita. Y se fue directo a mi coño. Metió su cabeza entre mis piernas. Con la puntita de su lengua empezó a rozar mi rajita, mi clítoris, la entrada de mi coño. Intentaba penetrarme con la lengua. Yo temblaba de placer. Su respiración se agitaba más y más y apretaba su cabeza con sus manos contra mi cuerpo.
Y entonces empezó a lamer todo mi coño. Enterito. Desde el clítoris hasta su agujerito. Y empezó a ayudarse con un dedito.  Y  luego con dos. Los mojaba en los líquidos que salían de mi interior. Me tenía loca el momento, la situación, su respiración, mis gemidos, su agitación, el ambiente, el olor a sexo. Con uno de sus dedos mojados rozaba mi coño y con el otro de vez en cuando me lo metía por mi agujerito hasta el fondo. Y con otro dedo, también mojado en mis flujos producto de la excitación, rozaba la entrada de mi culito. Y algunas veces lo abría y lo follaba dulce y suavemente.
A todo esto, su polla estaba dura, grande, enorme, llena y preparada para follarme, con todas sus ganas. Deseaba sentir su polla dentro de mí y tenía unas ganas que me moría de que me llenara mi cuerpo de leche calentita, de manchar mis pechos, mis pezones con su semen.
Y así llegó su primer orgasmo. Sentí como me estremecía. Los espasmos que acompañaron el momento en que me estaba corriendo llenaron el ambiente de mayor excitación, si cabe. Disfruté sintiendo como acababa. Saboreó todos y cada uno de los jugos que brotaron de mi coño. Y se los bebió. Y no dejó de rozarme hasta que yo se lo pedí.
Entonces subí hasta poner mi cara a la altura de la suya y nos besamos. Nos abrazamos y durante unos segundos nuestros labios se juntaron y nuestras lenguas juguetearon.
Pero entonces fui yo la que pasó a la acción. Sin más dilación, fui bajando por su cuerpo. Besé su cuello, su pecho, su abdomen. Con una mano busqué su polla y empecé a masturbarlo sin dejar de besarlo. Yo estaba a mil. Él lo sabía. Y sin dejar de mover mi mano, me introduje su polla en la boca y empecé a saborearla. Subía y bajaba. Mis manos, mi boca, mi cuerpo.  Gemía. Si no paraba, se iba a correr. Intentó que parara. No quería acabar tan rápido. Pero yo seguí lamiendo su rabo. Sólo paré para chupar despacito sus huevos. Recorrí cada rincón de su sexo. Y entonces, cuando estaba a punto de regalarme su leche calentita, me detuve. Me senté sobre él, me coloqué su polla en la entrada de mi coñito y empecé a bajar suavemente para que notara como iba entrando dentro de mí. Estaba muy mojada. Muy excitada. Y él estaba muerto de deseo y a punto de reventar. Y se empezó a mover dulcemente sobre mí, subiendo y bajando despacito, mientras yo me masturbaba con una mano y le miraba con ojos traviesos.
Intenté contener mi orgasmo, pero entonces me dijo que se iba a correr, me sonrió, me tumbó en la cama y empezó a correrse. Yo le cogí la polla en el momento en que le venía el orgasmo y le acompañé con mis manos. Los chorros de leche calentita llenaron mi cuerpo, mi ombligo, mi barriguita, mis pezones.
La visión de mi torso desnudo con los chorros de mi semen sobre mi era mágica. El momento fue impresionante. Había cumplido mi fantasía y entre los dos hicimos que la situación fuese excitante, alucinante. Ni en mis mejores sueños pensé que podía ser una experiencia tan satisfactoria. Entonces, siguiendo mis instrucciones, sin mediar palabra, se puso el pantalón, la camiseta y sus zapatos, me besó y se marchó.
Media hora después lo llamé. Conversamos. Y terminamos haciéndonos unas buenas pajas recordando lo bien que nos lo habíamos pasado.

Andrea XLIV, las bodas, que gran sitio para follar.

Este sábado fue la boda de Maika. La ceremonia estuvo preciosa y Maika iba guapísima. Fue una boda de la alta sociedad donde las mujeres vestíamos trajes de noche y los hombres smoking. Yo utilice un vestido negro largo con abertura en mi pierna izquierda casi hasta la mitad de mi muslo y un escote en V. Complementaba mi atuendo con diminutas braguitas, con liguero y unos zapatos de raso negro con tacon de aguja.
Al terminar la ceremonia todos nos dirigimos a la fiesta de tuvo lugar en una vieja hacienda acondicionada como hotel de gran lujo en nuestra ciudad. Por ser muy cara a pesar de ser muy hermosa casi no tiene huespedes. La hacienda es una construcción del siglo XVII con muchos pasillos largos y hermosos jardines muy aislados.
Tras la cena, que no tuvo nada extraordinario, comenzó la fiesta donde bailamos y bebimos tratando de disfrutar un poco el pesado ambiente de las fiestas de alta sociedad.
Entre baile y copa, se me acercó Pablo, el hermano de Maika, que ya llevaba encima unas cuantas copas de más. Tras presentarse y después de bailar un rato, nos fuimos a sentar a la mesa para tomar unos cócteles. Pablo, cada vez que podía me tocaba y acariciaba la pierna por debajo de la mesa, llegando incluso a frotarme la entrepierna sobre la tela de mis diminutas braguitas. Saber que estabamos con otras parejas en la mesa y que él me estaba acariciando intimamente me encendió y a él también.
 En un momento dado, yo estaba totalmente húmeda y él tenía una enorme erección que se le notaba y sentía debajo de la tela del pantalón.
Cerca de las dos de la mañana y como hacía mucho calor en el salón, decidimos salir a tomar un poco de aire fresco. Le pedí a Pablo que caminaramos un rato por los pasillos y jardines del hotel. El hotel al parecer estaba vacío, ya que no se notaba la presencia de huespedes por donde caminabamos.
Durante el paseo nos ibamos besando y tocando de tal manera que ambos seguiamos muy excitados. Caminamos y caminamos durante un buen rato, hasta que sin darnos cuenta ya nos habíamos alejado bastante del salón de la fiesta. Pablo totalmente lanzado me iba frotando su dedo contra mi clítoris mientras que yo le iba frotando su polla con mi mano.
Como la pasión nos quemaba, tratamos de buscar alguna habitación que estuviera abierta pero sin ninguna suerte. Por lo que decidimos buscar un lugar apartado para echar un buen polvo.
Nos encaminamos hacia un pequeño jardín rodeado por las paredes de las habitaciones, pero al irnos acercando escuchamos unas ruidos bajos como voces. Pablo me dijo que guardara silencio y silenciosamente nos acercamos al acceso que daba a ese jardín. Estaba un poco oscuro por lo que no nos fue fácil detectar quienes eran, pero despues de un breve momento pudimos notar que se trataba de mi prima Clarisa y un joven al que había visto muy cerca de ella durante toda la fiesta de la boda.
Por lo que pudimos observar él trataba de acariciarla intimamente pero ella se resistía un poco. Desde el lugar donde ellos estaban podían ver hacia un punto donde hay una escalera que comunicaba la planta baja con la planta alta en donde estabamos nosotros pero no se habían dado cuenta de nuestra presencia.
Pablo me guiñó el ojo y silenciosamente nos retiramos unos pasos hacia atras, me dijo que caminaramos nuevamente hacia el jardín haciendo un poco de ruido. Su plan era que nos colocaramos en un costado de la escalera donde nos podían observar, pero buscando que nadie nos viera. Hacer esto con público me excitaba y la verdad, no me hice de rogar.
Tratando de que tuvieran una buena vista nos comenzamos a besar y a tocar de manera muy apasionada.
Pablo me sacó las tetas fuera y las comenzó a chupar y masajear. Mientras él hacía esto, pude observar de reojo como mi prima y su pareja se habían quedado estáticos tratando de ocultarse un poco detrás de los arbustos. Como del jardín no había otra forma de salir que por el pasillo donde estabamos, no podían retirarse sin que nos dieramos cuenta.
Ambos se quedaron quietos mirándonos. Pablo subió mi vestido hasta mostrar mis diminutas braguitas y sin decirme nada me las quitó moviendose un poco, de tal modo que pudieron ver perfectamente mi coñito depilado.
Esto al parecer los calentó, ya que ambos comenzaron inmediatamente a besarse mientras él le metía la mano debajo de su vestido. A pesar de todo no dejaron de mirarnos.
Yo estaba tan caliente por lo que Pablo me estaba haciendo que me arrodillé y comencé a chuparle la polla y a besarle los huevos. Mientras hacíamos esto, él me dijo que mi prima había comenzado a soltarse y se había colocado en la posición del perrito, le había subido su vestido y le había quitado su tanga penetrandola sin dejar de mirarnos.
Como no quería perderme el espectáculo me detuve y le pedí que me penetrara por detrás también. Esta posición me encanta y disfrutaba de la penetración mientras discretamente miraba hacia donde estaba mi prima y su pareja. Ambas parejas estuvimos dándonos el espectáculo durante un buen rato.
Pablo recorría mis tetas con sus manos, y mi espalda con sus besos mientras me seguía penetrando. Mis pezones estaban totalmente duros y mis jugos escurrían fuera de mi vagina de lo excitada que estaba. Mi prima ya no nos miraba pero se veía que también estaba disfrutando enormemente del polvazo que estaba echando. A los pocos minutos Pablo y yo terminamos casi juntos. Fue un placer sentir su semen muy caliente en mis entrañas.
Estabamos exhaustos y sudorosos pero felices por la travesura que habíamos hecho.
El chico que acompañaba a mi prima ,también pudimos observar como se agitaba como claro indicio de que estaba terminando dentro de ella. A los pocos minutos le sacó su polla de dentro. Ella le dijo algo y él continuo con su dedo, supongo frotándole el clítoris o penetrándola.
Ella comenzo a moverse mas rapidamente, clavó su cara en el verde césped y aflojó totalmente su cuerpo quedándose así durante un rato mientras él se sentaba sobre el piso mostrando su polla ya flácida.
Después de descansar por unos momentos nos arreglamos nuestras ropas, volteamos a todos lados como tratando de que nadie nos viera y nos encaminamos hacia las escaleras para subir al segundo nivel. Pablo cogió mis braguitas y al subir por las escaleras las dejó caer al piso de forma que ambos miraran lo que estabamos haciendo.
Mientras estabamos arriba descansando un poco y haciendo tiempo para que mi prima y su acompañante salieran de sus refugio, escuchamos una risas muy tenues y pícaras y oímos como se alejaban sigilosamente. A los cinco minutos bajamos también para dirigirnos hacia la fiesta y al bajar las escaleras vimos que en el lugar donde Pablo había dejado mis bragas estaba el tanga de mi prima. Habían intercambiado nuestra ropa interior en nuestras narices.
Saber que otro hombre tenía mi ropa interior me excitaba, y ver como Pablo olía el tanga de mi prima no ayudaba a que me enfriase.
Regresamos a la fiesta donde ya los invitados habían comenzado a retirarse. Pasamos al lado de la mesa donde estaba mi prima y su acompañante y ella me guiñó un ojo mientras se pasaba la lengua por sus labios carnosos. La experiencia me encantó y la verdad que al final una boda que no prometía terminó siendo realmente interesante jajaja.

Andrea XLIII, me gusta ser dominada.

Estaba totalmente desnuda, sólo mantenía las bragas puestas, con las manos a la espalda, unidas por unas esposas y los ojos tapados. En el suelo, de rodillas, con las piernas ligeramente abiertas, sentía el agujero de mi chocho abrirse cada vez más y soltando flujo continuamente.
Notaba como sus ojos recorrían cada centímetro de mi piel, cada zona de mi cuerpo, por muy oculta que estuviera, notaba el calor de su mirada, me quemaba.
De repente, lo que sentía ya no era su mirada, era el roce de sus dedos por mi espalda. Acariciaba toda mi espalda, desde arriba hasta abajo, con mucha delicadeza y muy despacio; eso hizo que se me erizara la piel.
Me gustaba estar en esa situación, podía hacer lo que quisiera conmigo, yo no podía tocarle, y ahora mismo no podía ni mirarle.
Pero había alguien más en la habitación, escuché su voz, era otro chico.
El no me tocaba, solo miraba desde lejos, ni siquiera podía olerle, solo me venía de vez en cuando un poco de olor. El tener los ojos cerrados hacía que mis otros sentidos estuvieran más despiertos, todo lo que sentía se multiplicaba.
Intentaba moverme pero estaba inmovilizada totalmente, estaba a su merced, sus dedos tocaron mis labios, abrí mi boca intentando atraparlos, pero ya estaban en mi cuello de donde se fueron deslizando hacia mis pechos, tocando mis pezones que estaban a punto de explotar. Me estaba volviendo loca.
Pero lo que realmente me desconcertó y me excitó es que a la vez que unas manos tocaban delicadamente mis pezones noté como otras dos manos subían por mis piernas, entonces el chico me susurró al oído que me tranquilizase, que en realidad el sabía que eso me gustaba, que era su putita y que haría lo que el me dijese.
Escuché como una voz que no me era conocida me dijo que mejor que me estuviese quieta o me podía cortar, al tiempo que con un objeto punzante me cortaba las bragas, primero una pierna, y luego la otra, quitándome los restos de la fina tela de un tirón.
Después de esto me dijo que abriese mi boca, metiéndome mis braguitas en ella, me las metió enteras, aunque me preguntó si me impedía respirar, a lo cual contesté moviendo mi cabeza hacia los lados..
Al cabo de pocos minutos noté como algo caliente se derramaba sobre mis muslos, y al minuto lo mismo en mis tetas, se habían corrido los dos, encima de mí, y se fueron, me dejaron allí sola, no sé cuanto estuve así, con mis manos y piernas atadas, mis bragas en mi boca y su leche sobre mi cuerpo pero a mi me pareció mucho. De vez en cuando oía sus risas en otra habitación, así pude comprobar que estaba sola.
Pasados unos minutos que a mí me parecieron horas noté unos pasos en la habitación, metiendo sus dedos en mi boca me sacó las bragas, yo tenia ganas de insultarle, de patalear, de gritar, pero lo único que salió de mi boca fue gracias, me besó, humedeciendo con su lengua mi seca boca, se subió en la cama y puso un cojín bajo mis caderas, así que ya me imagine lo que venía, pero no me esperaba que fuese tan brusco, de un solo empujón introdujo toda su polla en mi coñito, un jadeo de sorpresa salió de mi boca, sin darme tiempo a reaccionar empezó a moverse dentro de mi, entraba y salía de forma brutal, su cuerpo apenas tocaba el mío, estaba levantado sobre sus manos, empujando con fuerza saliendo despacio de mí para volver a entrar mas fuerte aún.
Mi respiración se aceleraba, yo soltaba aire cada vez que su polla entraba en mi, estaba como loca, mis sentidos estaban disparados, entonces él empezó a decirme: "toma vamos tómala entera, es toda para ti, tómala, zorra" ; eso me volvía loca, me gustaba que me dijese eso mientras clavaba su polla en mi interior.
Entonces fue cuando noté una mano en mi cabeza, esa mano me hizo mover mi cabeza hacia un lado, a la vez que notaba como algo duro y húmedo se apoyaba en mis labios, abrí mi boca y entonces otra polla entró en mi de golpe, toda en mi boca, la podía sentir en mi garganta.
Mientras me susurraban los dos al oído que chupara, que me iba a gustar, que era una zorra, que tenía una polla en mi coño y otra en mi boca, no podía mas, me corrí como una loca a la vez que ellos me follaban la boca y el chocho. Sentí que me desmayaba, pensé que no iban a acabar nunca, pero no fue así, el primero fue el que me follaba la boca, descargando parte en ella para luego sacarla de dentro y seguir haciéndolo en mi cara.
Eso debió excitar al otro ya que la fuerza de sus embestidas aumentaba, cada vez que entraba en mi yo sentía como si fuese a romper mi chochito, parecía que me iba a desarmar.Mientras el otro metió otra vez su polla en mi boca diciéndome que se la tenía que limpiar bien, ya había tragado una buena cantidad de su leche y ahora pasaba mi lengua alrededor, lamía de arriba a abajo, yo sacaba mi lengua y él pasaba su rabo por ella.
De pronto sentí como el otro chico sacaba la polla de mi raja y vertía gran cantidad de leche sobre mí, al principio todo parecía normal yo notaba como caían sobre mi chorros de su leche, pero después de una pausa empecé a sentirlo de manera continuada. Entonces comprendí lo que estaba pasando, después de correrse encima de mi ombligo estaba meando encima mío, escuche como se reían los dos.
Meó directamente a mi coño, aquella sensación me gustaba, entonces el otro chico dijo que el también tenía ganas de mear pero que no iba a ensuciar el suelo, dicho lo cual agarró mi pelo con una mano mientras con la otra abría mi boca, yo no pude resistir mucho ya que había tenido mi boca abierta tanto tiempo que me dolía mucho y casi no tenía fuerza, su blanda polla empezó a mear en mi boca, intenté no tragar nada, pero era imposible, él había metido su polla tan adentro que no me permitía hacer otra cosa que tragar.
Me sentía como una auténtica puta, mi cuerpo estaba mojado, tenía en mi boca el sabor de la leche y el pis y en mi vientre la leche seca.
Seguía atada, cuando unas manos liberaron mis piernas, cuando las cerré creí que estaba en el cielo, que sensación, por fin estaba libre. Las mismas manos soltaron mis manos y permitieron ver la luz. Abrí mis ojos, las sábanas estaban revueltas y las almohadas todas desparramadas en el suelo. Busqué rápidamente por la habitación alguna señal de aquellos chicos con los que acababa de compartir una de las mejores experiencias de toda mi vida, pero no había señales de ellos por ningún lado. Estaba sola. Bajé la mirada y, con una punzada de decepción y algo más que no supe reconocer, frustrada golpeé las sábanas con los puños varias veces. ¡Joder! Todo había sido un maldito sueño…

Andrea XL, mi primera experiencia en un Club Swinger.

Este fin de semana quería sexo del bueno pero sexo diferente, así que me puse a buscar por Internet algo nuevo para probar, después de mirar varias páginas, por fin encontré una que me excitó nada más leerla; nueva apertura de "Club swinger". Me excitaba la idea de probar ese mundo de sexo con desconocidos, pero tenía un problema sólo se podía ir en parejas, por lo que después de pensar un poco, pensé en Marcos, ese chico que recodaréis de aventuras anteriores. Así que cogí el teléfono y sin muchos tapujos le propuse que si se atrevía a acompañarme, a lo que aceptó encantado.Me puse mi ropa más sexy y esperé a que Marcos llegará a buscarme en su coche. Llegó a las once y nos dirigimos en busca de ese local. Al llegar vimos que era un pequeño local, con un aspecto muy discreto exteriormente, nos acercamos a la puerta y el portero tras indicarnos el precio de la entrada, nos acompañó al interior, poniéndonos a cada uno una pulsera amarilla.
Nos recibió una pareja, Sonia y Mario, que estuvieron muy amables con nosotros y a continuación nos presentaron a las otras parejas. En total éramos cinco parejas, de edades comprendidas entre los veinte y los cuarenta años.
Nosotros éramos la única pareja desconocida para el resto de los asistentes. Después de la primera copa alguien propuso jugar a la gallinita ciega para entrar en calor. A todos les pareció una gran idea porque aceptaron la propuesta con gran entusiasmo y por unanimidad decidieron que la gallina ciega fuese yo. Pregunté en qué consistía el juego y Sonia me explicó que todos los participantes, excepto yo, se desnudarían y que yo, con los ojos cerrados, tendría que reconocerlos tocando sólo el sexo y el culo. Si no lo adivinaba me quitarían una prenda y si me quedaba sin prendas el jugador podía cobrarse en carne, si acertaba el jugador quedaba eliminado. El juego terminaba cuando adivinase a todos los participantes.
Sonia y yo nos quedamos en la sala y todos los demás se fueron a otra habitación donde se desnudaron y cuando regresaron al salón, yo ya estaba preparada para el juego, con los ojos tapados por un antifaz. Sonia me dio varias vueltas antes de retirarse para desnudarse ella. Comencé a caminar sin rumbo buscando mi primera presa y no me fue mal al principio, pues tuve dos aciertos consecutivos, después fallé tres veces seguidas y a continuación eliminé a Marcos.
"Esta la conozco muy bien. - dije tocando su polla".
Continuó el juego, quedaban seis personas, cuatro hombres y dos mujeres. En el siguiente intento fracasé y Mario me quitó el sujetador. Mis tetas quedaron al aire y se empezaron a escuchar los murmullos de todos los hombres al verlas. Después le tocó el turno a una de las mujeres, la confundí con Sonia y me tocó perder el tanga. Sólo me quedaban las medias. En el siguiente intento eliminé a Sonia y en el siguiente a la única mujer que quedaba.
Los tres tíos que quedaban en juego tenían una erección tremenda. Me volví a equivocar y Mario me sacó las medias. Así que ya estaba completamente desnuda, no podía equivocarme una vez más. Sonia me dio varias vueltas para despistarme y continuó el juego. Mis manos empezaron a tocar una polla enorme, la tanteé varias veces, pasé la mano por el culo y las piernas, volví a la polla, la toqué con detenimiento varias veces, pero me equivoqué al decir el nombre, pues dije el nombre de uno de los eliminados.
"Ohhhhh. - dijeron varios".
Mario me agarró por el brazo y me preguntó: " ¿Qué prefieres sofá o mesa?"
“Me da igual, quiero que me folléis".
Mario me llevó hasta la mesa, me sentó en ella, después me tumbó, separó mis piernas y me preparó para metérmela hasta el fondo. Yo gemí varias veces mientras me la metía, Mario comenzó a moverse lentamente mientras me decía:
"¡Qué buena estás!"
Yo gemía cada vez más fuerte y hondo y él no paraba de decirme cosas y me jodía cada vez con más fuerza y rapidez hasta que los dos comenzamos a gritar de placer y nos corrimos.
Se notaba que todos estaban muy calientes, así que cuando terminamos de follar, todos buscaron alguien a quien follar.
Marcos se tiró a Ana, que estaba muy buena y muy caliente, en uno de los sofás y, cuando terminó de follarla, vi un espectáculo impresionante. Aquello superaba todo lo que había visto he imaginado. Una pareja jodía en el suelo, otra en la mesa, y las otras dos parejas estaban en el otro sofá. Una de estas parejas, él le comía el coño a ella y la otra pareja era ella la que le comía la polla al tío.
Yo me había puesto de rodillas, delante del sofá, comiéndole la polla al tío que me había follado unos minutos antes, y con su mano derecha acariciaba la polla de otro que a su vez le estaba comiendo el coño a Sonia, que gemía de placer y con sus manos sujetaba la cabeza del tío en su coño. Aquella escena terminó follando Marcos a Sonia y yo follando con un cuarentón en una posición increíble pues el tío me sentó en el sofá y me puso a cabalgar sobre su polla agarrada al respaldo del sofá.
Esta fue la primera parte de la fiesta. Después de aquella primera sesión, estuvimos tomando copas y charlando durante bastante tiempo. La conversación fue de sexo. Yo era la estrella de la fiesta y a petición de alguno de los asistentes, decidí atreverme con una nueva experiencia, el pasillo francés. Me tuvieron que explicar cómo funcionaba, "te metes dentro, nadie te vera entrar pues el acceso no se ve desde la sala, pulsas este botón y entonces se enciende una luz de llamada para que los usuarios sepan que hay alguien dentro. Los chicos meten sus pollas por los agujeros, tu elijes el o los que más te gustan y los masturbas o se la chupas". Sonia me preguntó cuántos chicos quería, le dije que uno nada más y ella me dijo que me enviaría tres, para que pudiese escoger. Me fui al pasillo francés y cinco minutos más tarde asomaron tres pollas por los agujeros. Después de mirarlas y acariciarlas me decidí por la que me pareció más bonita. El tío le debió gustar lo que le hacía porque se corrió en menos de dos minutos. Cuando me levanté vi que las otras dos pollas continuaban en sus agujeros, y que tenían unas erecciones enormes, me agaché y comencé a chuparlas y menearlas alternativamente y también se corrieron en un tiempo record.
Pero sentía que necesitaba más así que me fui a la zona de baile con Marcos, donde no se baila, se mete mano con música. Una de las chicas que estaba bailando tenía las tetas prácticamente fuera del sujetador y el tío le comía las tetas sin reparos, otra tenía la falda en la cintura y el tío le tocaba las nalgas y me miraba como alardeando del culo que tenía entre las manos. En esto estábamos cuando llegó una pareja que llevaba la misma pulsera que nosotros, luego nos enteramos que era distintiva de novatos. Marcos y yo comentamos que la pareja estaba muy bien, él tenía cuerpo de bombero. La chica llevaba una minifalda por el medio del muslo y estaba buenísima. Se pusieron a nuestro lado y miraron con asombro lo mismo que habíamos mirado nosotros. Se rieron y el chico nos preguntó si era la primera vez que estábamos en un club, le dijimos que sí y les preguntamos si también era su primera vez y nos dijeron que si. Seguimos bailando y mirando unos minutos y cuando nos retiramos les propuse si querían tomar una copa con nosotros y aceptaron.
La situación me pareció propicia, porque era evidente que no había rechazo en ninguno de nosotros y les propuse subir al reservado y follar juntos. Hubo un silencio de unos segundos, Marcos me miraba sorprendido, ellos se miraban entre sí, sin saber que responder y entonces ella preguntó: ¿te refieres a hacerlo cada uno con su pareja, pero juntos? Le dije que sí, se volvieron a mirar y ella dijo: "tendré que tomarme otra copa para que no me vuelva atrás".
Cuando terminamos las copas subimos a la planta superior, nos desnudamos y entramos en la sala de las colchonetas. Lo que más nos impresionó fueron los gemidos y jadeos que se oían, pues había varias parejas follando. Otras estaban sentadas mirando. Nos pusimos en una zona alejada de la gente y follamos cada uno con su pareja, en la posición habitual. Mientras follábamos nos miramos varias veces. Al terminar el polvo nos sentamos en las colchonetas mientras recuperábamos el aliento y miramos el ambiente que estaba en todo su apogeo, había gritos de placer, gemidos, risas, jadeos y se oía 'fóllame', 'sigue así', 'dame más fuerte', 'ponte encima' y cosas por el estilo.
Eso nos calentaba, por lo que yo y la otra chica estábamos más deseosas que antes de empezar. Era evidente que habíamos quedado con ganas, esto mismo no debió pasar desapercibido para dos tíos que estaban allí, pues se acercaron y nos dijeron:
"¿Nos podemos unir a vuestra fiesta?"
Uno de los tíos era Mario. No dudamos en responder y empezamos, agarramos sus pollas y comenzamos a chupárselas, mientras ellos nos metían mano por todas partes y nos decían cosas. Después de un buen rato así, nos follaron, en un polvo espectacular, con unos gemidos terribles.
Terminanos la fiesta a las cuatro de la madrugada. De camino a casa, en el coche de Marcos, no paramos de hablar de la experiencia. Le pregunté a Marcos con quién había follado, pues recordaba haberlo visto en acción y me dijo que había follado a parte de conmigo con Ana y con Sonia. Entonces "la campeona indiscutible de la fiesta he sido yo, que no recuerdo cuantas pollas probé en una sólo noche, JAJAJA...."

Andrea XXXVIII, follando a escondidas.

El viernes por la noche, cuando salí del gimnasio, estaba lloviendo y aunque la casa de mis tíos queda bastante lejos, decidí ir andando, ya que no llovía demasiado fuerte.Lo malo fue que cuando estaba a mitad de camino, empezó a llover bastante y me estaba mojando toda.
Vi que un coche paraba a mi lado y tocaba el claxon, era un amigo de mi tío y vecino, vive practicamente al lado.
Subí al coche, agradecida porque me hubiera reconocido, se hubiera parado y ofrecido a llevarme a casa.
Tomás es un hombre maduro, de unos 49 años, pero está de muy buen ver, la verdad, siempre me llamó bastante la atención. A veces me preguntaba como sería sentir esas manos recorriendo mi piel, tan grandes, fuertes y a la vez tan suaves como parecían.
Con todos esos pensamientos viajando por mi mente, empecé a sentir que me mojaba en una zona, que hasta aquel momento era la única que se había mantenido seca. No pude evitar ponerme roja, cosa que no entiendo ni ahora, porque no me suelo avergonzar de estas cosas.
Comencé a imaginarme cosas, que de repente él me miraba, que veía lo puntiagudos que tenía mis pezones marcados por mi top mojado, pero no lo hizo, no me miró ni una sola vez, eso me dio mucha rabia, porque realmente lo quería.
Deseaba que aparcara el coche a un lado de la calle y me follara con todas sus ganas y con todas sus fuerzas, pero eso no pasó. Creo que me gustan las cosas difíciles, creo que me gustan los retos y él, realmente es uno de ellos.
Eso me ponía más caliente, no podía parar de mirarle de reojo, sus manos, su boca, su cuerpo tan masculino, tan hombre, me ponía a mil; y aún más saber que no lo iba a tener, que no lo iba a probar.
Me bajé de aquel coche, quedándome con las ganas de probarlo, de que me follara; me bajé totalmente mojada, por fuera y por dentro, pero ardiendo de calor. Sentía mi chocho muy caliente y necesitaba calmarlo.
Subí a la habitación de mis tíos, los dos estaban dormidos en la cama, pero necesitaba la polla y el cuerpo de mi tío, tenía que calmar esas ansias de sentir el cuerpo de un hombre.
Me acerqué a la cama y metí mi mano por debajo de la ropa hasta tocar la pierna de mi tío y fui avanzando hasta llegar a la polla, que nada más sentir el contacto de mi mano, comenzó a crecer.
Él se despertó y al verme allí, se llevó una sorpresa, salió de la cama de golpe y cogiéndome de la mano me metió en el baño que tienen en la habitación y cerró la puerta con el pestillo.
"¿Que crees que haces? Como tu tía se enteré que follo contigo se armará una buena"
"No tiene porque enterarse. Necesito follar"
 Aún no había terminado de hablar, cuando mi tío comenzó a quitarme la ropa de una manera desenfrenada, mientras me arrinconaba contra la pared del baño y me manoseaba por todo el cuerpo.
Bajó hasta mi coño, me abrió las piernas y metió su cara entre ellas, jugando con su lengua por mi raja, de arriba a abajo, haciéndome temblar de gusto y soltar un pequeño gemido.
Subió y me tapó la boca, susurrándome al oído.
"Shhhhhh, no hagas ruido"
"Tengo que hacer pis."
"Ven"
Se acostó en la bañera e hizo que me pusiera de cuclillas encima de su cara, pidiéndome luego que meara, que quería beber de mi pis y sentirlo por su cara. Eso me excitó muchísimo. Me puse en cuclillas encima de su cara, dejando que se deleitara con la imagen de mi coño depiladito y mojado  y mi agujero totalmente abierto. Luego le solté el chorro de pis que le cayó por su cara. Él abrió la boca, dejando que mi meo le entrara en ella, para luego soltarlo por los bordes y saborear lo que le quedaba en la boca.
Cuando terminé de hacer pis, se tragó las últimas gotas y me pasó toda su lengua por todo mi chocho para limpiarlo.
Se levantó y me pidió que me acostara y entonces me echó un chorro de meo por todo mi cuerpo, por mi cara, por mis tetas, por mi coño. Para luego darme a chupar su polla, dejándola bien limpia y haciendo que volviera a estar dura, grande y gorda.
Fue hacia la ducha y abrió el agua.
"Así podrás gemir bajito"
Nos metimos en la ducha y me puso encima de él, para luego clavarme de golpe la polla en el chocho, hasta el fondo, de una sola embestida. Noté como su polla crecía en mi interior, haciéndose sitio y él cada vez me clavaba la polla con más fuerza. Yo sentía una mezcla de dolor y placer, que me volvía loca, hasta llegar un momento en que lo único que sentía era gusto y necesitaba más. Quería más fuerte, más hondo, más rápido. Y él lo sabía, y me lo dio, mientras me hundía sus uñas en mis nalgas, hasta el punto de hacerme daño, pero el dolor se fue en el momento en que metió la polla hasta el fondo, corriéndose en mi interior y haciendo que yo también me corriera; los músculos de mi coño apretaron su polla, para luego soltarse y con ellos soltar todo el líquido que tenía dentro, derritiéndome en sus brazos, mientras que ahogaba mis gemidos en su hombro.
Después de secarse salió para meterse de nuevo en la cama y al poco rato salí yo. Mi tía estaba totalmente dormida, no se había enterado de nada, y eso me hacía sentir mucho morbo. Salí de la habitación y me acosté en mi cama, preguntándome , hasta quedarme dormida, si con el vecino, ese hombre que me había llevado a casa, sería tan excitante como con mi tío.
El ganador de este último concurso es Duckoy, así que ya sabes, ponte en contacto conmigo para quedar un día a una hora que nos venga bien a los dos. Estoy deseando tener esta experiencia contigo.

Andrea XXXVII, me desvirgaron en un pajar.

Desde mis primeras experiencias en el sexo la idea de follar con un chico me rondaba en la cabeza seguido, no podía dejar de pensar en como sería, que sentiría; y aunque algunas amigas me habían metido miedo al decirme que a ellas les había dolido, eso no me quitó ni las ganas ni la curiosidad.Tampoco me dejaron de dar esos calores entre las piernas cuando algún chico tonteaba conmigo, ni esa sensación de querer y necesitar meter algo duro, grueso y largo hasta el fondo de mi agujero, que cada día que pasaba estaba más mojado y jugosito. Cada día estaba más cachonda, por poca cosa ya me encendía y mi chocho reclamaba más atención por mi parte.Un día de verano, cuando yo tenía dieciséis años, fuimos a casa de mis abuelos paternos para comer y pasar la tarde con ellos.
Viven en una aldea, aunque para ser tan pequeña siempre tuvo bastantes habitantes. A mi siempre me había gustado ir por verano porque los nietos de otros vecinos iban a veranear allí y casi todos solían ser de mi misma edad más o menos. Nos juntábamos todos y nos lo pasábamos en grande.
Cuando llegamos, mis abuelos nos estaban esperando para comer.
Recuerdo que había comido muy rápido, pues tenía ganas de ir a dar una vuelta, a ver si me encontraba a alguien conocido.
Nada más salir me encontré con Lucía y Manuel, me lo pasaba genial con ellos, eran muy simpáticos. Les acompañaba un chico muy guapo al que no conocía. Era un chico de pelo castaño claro y ojos color miel y muy alto. Lucía y Manuel tenían la misma edad que yo, pero este chico parecía ser más mayor.
Al verme, esa chica rubia de ojos azules, que siempre tenía una sonrisa en la cara, se abalanzó contra mi, dándome un abrazo enorme y las dos empezamos a dar saltos de alegría. La verdad, que ahora lo pienso y me da vergüenza, pero en ese momento era lo que sentía y eramos unas crías, así que actuábamos como tal.
Nos presentaron, se llamaba Daniel, y creo que desde el primer momento los dos nos gustamos; él no paraba de preguntarme cosas, de hacerme reír, siempre caminaba o se sentaba a mi lado. Y así pasó la tarde entre risas, miradas y roces de manos.
Yo cada vez estaba más caliente, necesitaba besarlo, sentir el roce de todo su cuerpo contra el mío y quería probarla, si quería meterme su polla hasta sentir que llegaba al fondo.
Ya se estaba haciendo de noche y todos teníamos que volver a casa, a mi me estarían esperando para marcharnos. La casa de mis abuelos quedaba más alejada que el resto, así que Daniel se ofreció para acompañarme y que no fuera sola.
Me despedí de Lucía y Manuel, nos volveríamos a ver dentro de dos semanas.
Cuando los perdimos de vista, él empezó a decirme que por fin estábamos solos, que había tenido muchas ganas de tenerme para él solo durante toda la tarde; y sin más, se giró hacia mi y me espetó un beso en toda la boca, mientras sus manos bajaban hasta mi culo. Eso me encendió tanto, no pude reprimirme y mis manos se levantaron para rodearle su cuello. Lo apretaba tanto contra mí, no quería que parara, no quería que se apartase.
Me dijo algo así como que estaba hecha una loba, no le presté mucha atención en ese momento. Solo sé que una cosa llevó a la otra y no sé muy bien como, cuando me dí cuenta estábamos metiéndonos en un pajar, los dos besándonos, comiéndonos la boca, abrazándonos y tocándonos por todos nuestros cuerpos.
Teníamos la temperatura muy elevada, yo notaba como su piel ardía, como temblaba de deseo. Fue quitándome la ropa por el camino y eso me ponía más cachonda, no podíamos esperar.
Nos quitamos la ropa y la echamos en el suelo, hasta quedar totalmente desnudos, hasta notar que tocando por donde tocaramos sentíamos la piel del otro. Me fue bajando hasta que me echó en el suelo, encima de nuestra ropa y siguió besándome y tocándome por todos los sitios, me chupaba los pezones, me agarraba de la cintura apretándome contra él, para que notara su polla.
Él sabía que yo era virgen y me decía que me relajara, que no me iba a hacer daño. Se puso en el suelo e hizo que me pusiera encima de él, con las piernas abiertas y poniendo el capullo de su polla en el principio de mi agujerito, fue metiéndomela poco a poco y cuando me quise dar cuenta, la tenía totalmente dentro de mí. Estaba tan caliente, solo quería que siguiese, que no parara. Me folló suave, pero a la misma vez con mucho deseo, muy ardiente, agarrándome por la cintura, empujaba para metérmela hasta el fondo, con cada embestida yo gemía sin poder controlarme. Los dos sudábamos y temblábamos de placer. Notaba mucho calor en mi entrepierna, me notaba muy mojada, no sabía si era sangre, flujo o las dos cosas, pero me daba igual. Noté como un hormigueo por mi vientre, espasmos en los músculos de mi coñito y luego me corrí, nos corrimos.
Había sido estupendo, pero teníamos que irnos, nos vestimos y seguimos el camino. Recuerdo, que me dejó su jersey para ponérmelo alrededor para que no se me viera la sangre, que me había traspasado el pantalón. Cuando llegamos a casa de mis abuelos, me besó, nos despedimos y esa fue la última vez que lo vi. No volvió a ir de vacaciones por allí, o por lo menos no coincidimos.
Yo, aún voy algunos días por la aldea de mis abuelos y sigo teniendo la esperanza de volver a encontrármelo, ya que ahora podría hacerle disfrutar más que en aquel momento, la experiencia hace mucho y yo ahora creo que voy sobrada.

Andrea XXXI, mi primera mamada.


El otro día os conté como empezó mi interés por el sexo, la primera paja, el primer toqueteo de mi chocho y el primer disfrute del sabor de mis flujos; hoy os voy a confesar como fue mi primera mamada, cuando descubrí lo que me gusta chupar pollas.
Ocurrió unos meses después de que empezara a desahogarme a pajas; ya que la primera dió lugar a una al día.
Cuando empecé a darme gusto, mi interés por el sexo creció, sentía curiosidad por tener nuevas experiencias. Deseaba poder probar el sabor de las pollas, de otros chochos, de follar con cualquiera, quería experimentarlo todo y tenía claro que a la primera oportunidad que tuviese la iba a aprovechar.
Una noche de sábado unas amigas y yo quedamos de ir a un local de moda que había abierto dos semanas antes y todo el mundo hablaba maravillas de él.
Esa noche salí de casa dispuesta a todo, a lo que surgiera, a lanzarme y descubrir nuevas cosas, así que me arreglé, me pusé muy atrevida, dejando muy poco a la imaginación.
Mis amigas al verme me aseguraron que parecía una buscona y eso me alegró porque era realmente la imagen que quería dar.
Cuando llegamos allí, nos enteramos de lo que valía la entrada, yo no podía entrar porque no llevaba suficiente dinero, pero quería entrar en ese local y estaba dispuesta a lo que fuera para poder hacerlo.
Estando por allí durante un buen rato, me dí de cuenta que unas conocidas de mi misma edad entraban al local y todo por ir acompañadas de chicos mayores de edad.
Tenía que intentarlo, pensé en acercarme a algún grupo de chicos y pedirles que me dejaran dinero para la entrada.
Me fijé en unos que estaban en la fila, esperando para entrar y sin ningún temor se lo pregunté. Pero para mi decepción se negaron por que me vieron como una niña, yo ya no era una niña tenía 14 años y un buen par de tetas.
Así que me replanté las cosas, me acerqué a un chico que estaba justo detrás de ellos y le cogí de la mano.
"Sabes quiero entrar al local y no tengo pasta, le dije"
El me miró y me dijo, "si quieres puedes entrar conmigo, pero te va a costar algo. ¿Qué estás dispuesta a hacer?"
"¿Que me sugieres?"
"¿Eres muy atrevida?"
Me di cuenta de que se estaba tocando la polla por encima del pantalón y que era una indirecta, muy directa.
"Podemos comprobarlo" me dijo, y agarrándome de la mano me llevó a una esquina de la calle que daba a un callejón.
"¿Le has chupado la polla alguna vez a alguien?" -me dijo sin más.
"No, nunca -le contesté- Pero la verdad es que me gustaría hacerlo porque nunca le he visto el ya-sabes-qué a un chico de verdad... Solo lo he visto en fotos de esas guarras".
Pareció contento de oír aquello y empezó a desabrocharse los pantalones. Cuando se quitó el último botón, me quedé mirando aquella enorme y peluda polla. La cogí entre mis manos y empecé a jugar con ella, sintiendo lo suave que era. Yo no sabía que con tanto juego y tanto movimiento estaba poniendo cachondísimo al chaval. Su polla empezó a crecer y a crecer sin cesar. Cuando por fin dejó de hacerlo no pude evitar soltar un gemido. ¡Era monstruosamente grande!
La agarré sacándola fuera del pantalón. Eso le puso muy caliente, respiraba muy fuerte y comenzó a tocarme la cabeza y a sujetarme del pelo mientras me decía "Ahora quiero que metas la punta en tu boca muy lentamente"
Me fue diciendo todo lo que tenía que hacer y yo muy obediente lo iba haciendo. Metí solo la punta muy despacio en mi boca y succioné hasta que conseguí que gimiera de gusto. Luego la metí hasta el fondo de mi boca, me la tragué entera.
Parecía que aquella polla no se iba a acabar nunca.
Mientras lo masturbaba él empezó a acariciarme las tetas, primero por encima del top, más tarde introdujo su mano por dentro y empezó a acariciarlas por encima del sujetador. Luego me lo desabrochó y empezó a acariciármelas directamente sobre la piel, cosa que nadie había hecho antes, diciéndome que le encantaban lo grandes que las tenía para lo jovencita que era, pero que lo que más le gustaba era lo duras que las tenía. Estos comentarios unidos a las caricias hicieron que me volviera a excitar otra vez. La temperatura sexual fue aumentando en los dos, empezando él a gemir, preguntándome entre gemidos si me gustaba, a lo que yo contestaba, entre suspiros, que si, pues me estaba volviendo a poner super caliente. Fue la primera vez que comprobé lo que me excitaba que me tocaran los pechos.
Lentamente empecé a mover mi boca arriba y abajo por su dura polla. Fui incrementando la velocidad hasta que no pude ir más rápido. Mi lengua se movía por toda su extensión, cubriendo cada milímetro de ella, pero yo aún quería más. De pronto, sentí que se hinchaba en mi boca. Entonces supe que aquel era el momento. Una tremenda ola de semen salió volando de su dura barra de carne y aterrizó dentro de mi boca. Lo saboreé durante unos segundos y luego me lo tragué, con hambre de más. A medida que el semen iba saliendo de su polla y cayendo en mi boca, yo me lo tragaba tan rápido como podía. Cuando decidí que ya estaba satisfecha, ya que le había dejado completamente seco, me la saqué lentamente de la boca, le chupé la punta y lamí los restos de semen que habían quedado adheridos a su aún palpitante rabo.
"Esta ha sido la mejor mamada que me ha hecho nadie en toda mi vida -dijo".
"Para mí también ha sido increíble-contesté yo- No veas lo que he disfrutado. Me parece que vamos a tener que repetir esto muy a menudo. ¿No crees?"
"Por supuesto -coincidió el chico". De momento te has ganado entrar al local, así que me dio el dinero y me acompañó hasta la puerta.
Creo que lo que de verdad le excitó era saber que le estaba haciendo la primera mamada de mi vida. La primera de muchísimas más, porque me encanta mamar pollas, ya sea a hombres conocidos o desconocidos. Ya otro día os seguiré contando más cosas de mis inicios sexuales, que se que os excita.

Andrea XXVIII, sexo a dos bandas.

El martes por la mañana vinieron a casa una amiga de mi prima y su novio. No es que hiciese mucho calor pero tampoco hacía frío, así que nos fuimos todos al jardín donde la piscina. Nos sentamos todos en la mesa y estuvimos tomando algo y charlando.
La amiga de mi prima llevaba un escote que dejaba muy poco a la imaginación y yo notaba como mis ojos se me iban cada dos por tres a esas pedazo de tetas. Ella se dio de cuenta y lejos de molestarle, le encantó, porque justo en ese momento, abrió más el escote, para que parte de sus tetas salieran de él.
Eso no hizo más que ponerme más nerviosa y cachonda, noté que me acaloraba y llamé la atención de su novio, que al momento se percató de lo que me pasaba.
Pero esa situación no le molestaba, incluso le excitaba, comenzó a preguntar sobre gustos sexuales hasta que llegó mi turno.
Yo le dije que me gustaban tanto las chicas como los chicos, y eso hizo que sus ojos brillaran.
"¿y te acostaste con chicos y chicas?"
Le contesté que había probado todo. "Así que tienes mucha experiencia ¿no?"
A lo que contesté sin cortarme nada "¿Quieres probar lo experimentada que soy?Así puedes descubrirlo por ti mismo."
Al mirar la cara que puso su novia, supe que había metido la pata, pero en ese momento fue lo que quise decir, porque ese chico me puso tan caliente, que la verdad tenía ganas de probar su polla y me daba igual que su novia estuviera allí; además había sido él quien había tirado las indirectas, fue él el primero en desearlo.
Mi prima me dijo que la acompañara a la cocina y me dijo que su amiga era bisexual, que al chico le gustaba que ella follara con chicas, pero que lo único que le había interesado desde el principio era que su novia follara conmigo. Yo no estaba tan segura, me miraba con demasiado deseo; por algún motivo sabía que yo le ponía cachondo.
Cuando regresamos les propuse meternos en la piscina, y aunque ellos no llevaban bañador, se metieron igual. Al saber que era lo que querían de mi, me acerqué a ella y comencé a rozarle la piel, por debajo del agua; ella se estremeció, pero al rato también me estaba tocando la cintura y el culo.
Fue quitándose la ropa interior con la que había entrado en la piscina, hasta quedarse totalmente desnuda, mientras tanto él no nos quitaba el ojo de encima, sobre todo a mi y me pareció ver como se tocaba la polla debajo del agua.
Mi prima decidió irse, aún no sé muy bien porque.
El caso es que yo me quedé allí con ellos; Laura, que así se llamaba, se acercó cada vez más y empezó a tocarme por las tetas hasta que me las dio sacado del bikini, para luego comenzar a chuparlas. Después se las chupé yo a ella, eran gordísimas, pero estaban bien puestas, duritas y con los pezones bien grandes y puntiagudos.
Al poco rato, supe que necesitaba algo más, así que subí y me senté en el bordillo de la piscina y apartando un poco el bikini a un lado, le dí a probar mi depiladito coño, el cual ella chupó como si nunca hubiera probado nada igual; por momentos me lo mordisqueaba y eso me hacía gemir de placer. Rubén, así se llamaba su novio, se la estaba cascando, en ese momento lo supe con claridad, por la manera que tenía de mover la mano y el brazo con el que se la estaba pelando.
Tenía cara de deseo, de querer follarme, no dejaba de mirarme a la cara; y con cada gemido que yo daba se volvía loco, se destrozaba la polla y gemía él también.
Luego se lo hice yo a ella, se sentó en el bordillo y yo me volví al agua; le abrí bien las piernas y comencé a chupárselo poco a poco jugando con su clítoris, hasta provocarle tal placer que se mojaba como si se estuviese meando. Luego le lamí todo el coño de arriba a abajo y de abajo a arriba, primero muy despacio y luego más rápido. Como ella a mí, le dí pequeños mordisquitos, y le agarraba con los dientes un poco de chocho y se lo estiraba con los dientes para luego soltárselo, así repetidas veces. Eso le hizo enloquecer. Con la excusa de querer ver mejor, Rubén se acercó y comenzó a tocarme por todas partes bajo del agua, incluso me metió mano por debajo del bikini, tocándome el chocho me puso a mil y empecé a meterle dedos por el chocho a Laura. Ella se recostó hacia atrás y se dejó hacer, mientras se tocaba las tetas y gemía como una loca.
Mientras él, aprovechando que su novia no nos podía ver, se sumergió bajo el agua, me quitó el bikini y me chupó el coño a la vez que me metía dedos.
Luego subió muy pegado a mí, rozando su cara con mis tetas. Pasó la punta de su lengua por mis pezones pero sin pararse a chuparlos, cosa que me encendió más, por que yo realmente quería que lo hiciera. Se apartó y siguió mirándome y tocándose.
"¡Sigue!" me dijo Laura. Sin darme cuenta, había dejado de mover los dedos dentro de su chocho.
Me encantaba, estaba tan mojado que mis dedos resbalaban y tan abierto que podía meterlos con total facilidad.
Seguí metiendo dedos hasta que le metí toda la mano en el coño y luego le metí por el culo; los moví muy rápido hasta que ella, al no poder aguantar más se corrió, llenándome completamente las manos de su flujo, que luego lamí hasta no dejar ni gota.
Salimos de la piscina y yo me fui a mi habitación para cambiarme. Estaba totalmente desnuda cuando sentí que alguien me agarraba por la cintura y que una polla realmente dura y gorda rozaba contra mi culo.
Era Rubén. "Ella ya disfrutó, ahora nos toca a nosotros" Sin dejar que siguiera hablando, me lancé hacia él, comiéndole la boca, era lo que había deseado desde el principio. Me cogió por las nalgas y abriéndome las piernas para rodear su cintura me dejó caer de golpe en su tremenda polla, que estaba totalmente erecta, dura y gorda. Nos pusimos encima de la cama y empezamos a follar como locos. Me empujaba con una fuerza que hacía que la cama se moviera. Los dos habíamos tenido ganas de follar desde que nos habíamos lanzado las indirectas.
Luego me puso a cuatro patas y me metió la polla por el culo con la misma fuerza que lo había hecho por el coño, mientras me tocaba el clítoris. Sentí como su pollón se hinchaba dentro de mi chocho, el cual ardía de calor y estaba empapado de flujo. Gemíamos bajo, para que no nos escucharan abajo, pero nuestras caras estaban llenas de placer, cada centímetro de nuestro cuerpo temblaba como no lo había hecho nunca, hasta que nos corrimos los dos. Fue bastante rápido, para que no nos pillaran, pero muy intenso.
Después bajó, y un poco más tarde bajé yo. Creo que no se notó nada, pero entre nosotros saltaban chispas, la atracción que sentíamos el uno por el otro no se había terminado al follar. Necesitaba más y sé que él también. Así que estoy deseando volver a verlo. Y por lo contenta que quedó su novia Laura, creo que no tardaremos mucho tiempo en encontrarnos de nuevo.